lunes, 21 de abril de 2008

La realidad, el sueño


Reflexionando acerca de los espacios que nos angustian, hemos dado en el tema de los SUEÑOS, vemos como consisten en una especie de diálogo que nos permite llegar a nuestra verdadera realidad. Como en ellos encontramos nuestra verdad, más allá de la versión con que nos gusta adornarnos cuando estamos plenamente conscientes.

Borges nos ha sorprendido con estecuento: El episodio del enemigo, en él hemos encontrado el tema esencial del remordimiento, del desagrado con nuestras acciones, con nuestra verdadera realidad, con la venganza en su versión más pura, ¿con la justicia?

Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.
Me incliné sobre él para que me oyera.
Uno cree que los años pasan para uno le dije pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.
Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.
Me dijo entonces con voz firme:
Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Lo tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.
Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:
Es verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.
Precisamente porque ya no soy aquel niño me replicó tengo que matarlo. No se trata de una venganza sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.
Puedo hacer una cosa le contesté.
¿Cuál? me preguntó
Despertarme.
Y así lo hice.

Nos gusta esta versión de Andrés Zayed:






No hay comentarios: