viernes, 6 de junio de 2008

La portada de Lisseth y el texto de Laia

Al levantarse el telón está la cocina, una mesa y cuatro sillas. Se encuentran sentadas Bernarda, Poncia y la criada. Se oyen doblar las campanas.

Poncia: El forense estará a punto de llegar, nos preguntará cómo ha muerto…

Bernarda: (interrumpe) No hace falta que digamos nada, lo que tenga que ver, ya lo verá. (Siempre con crueldad) Lo único que tienes que vigilar es tu facilidad para soltar las intimidades de esta casa a las vecinas.

Poncia: Perdone Bernarda, pero yo nunca me ido de la lengua. Yo respeto la intimidad de las personas. Otra cosa es que se enteren ellas solas….ayer por la noche las despertamos a todas.

Bernarda: Aquí nadie sabe lo que pasó ayer, ¿entendido? Adela murió por un ataque al corazón y nada más. Si te preguntan las vecinas, ya sabes lo que tienes que contestar.

Poncia: Cómo usted quiera, Bernarda. (con curiosidad) Y con Pepe el Romano ¿qué vamos a hacer?

Bernarda: La boda se va a celebrar como estaba previsto, si no las vecinas tendrán mucho de qué hablar.

Poncia: ¿Pero no pretenderá que se case con Angustias, después de todo lo sucedido?

(entra Angustias furiosa)

Angustias: Yo no me voy a casar con ese hombre!

Bernarda: Aquí harás lo que yo te ordene. (le da un bofetón)

Angustias: (con toda su ira y desesperación) Estoy harta de que me diga lo que tengo que hacer, de que me pegue, de que me desprecie. He aguantado 39 años y ¡no voy a aguantar ninguno más! Voy a salir de este infierno ahora mismo y me da igual que me lo impida porqué no aguantaré ni un minuto más bajo este techo con usted.

Bernarda: ¡No digas más tonterías y quédate dónde estás! Enfrentándote conmigo no vas a ganar nada ¿Me has oído? (la pega con el bastón)

Angustias: ¡Pare, madre!( no puede evitar devolverle la bofetada, se quedan todas calladas)

(Entran Amélia, Martirio y Magdalena)

Bernarda: (indignada por la situación) Angustias, tú ya no eres mi hija. ¡Sal de mi casa antes de que te eche yo misma! ( le da golpes con el bastón con toda su furia, se caen vasos y platos de cristal por el suelo).

Angustias no aguanta más y empuja a su madre con todas sus fuerzas

Bernarda cae al suelo y la sangre inunda el suelo blanqueado. Bernarda se ha caído justo encima de los cristales y su cabeza los traspasa.

Angustias: (desesperada por lo que está viendo va corriendo hasta su madre) ¡madre, madre!

Poncia: ¡esto es un infierno! (gritando con desesperación)

Bernarda se va volviendo pálida por minutos. Martirio y Angustias están desesperadas. Llega el médico. Mira con asombro la situación. Se dirige a Bernarda y le toma el pulso.

Médico: esta mujer no tiene pulso.

Angustias: ¡Nooooo! (sale llorando)

Entran los vecinos juntamente con la policía.

Comandante: Usted (dirigiéndose a Angustias) levante las manos y quédese quieta.
(se dirige a los otros policías) ¡registrad la casa!

Entran los policías a la casa. Salen con Martirio, Amelia, Magdalena, Poncia y la criada, todas esposadas y llorando desesperadamente. El médico sale detrás.

Policía 1: Aquí dentro hay dos mujeres muertas, una estaba en la cocina y la otra en una habitación. La mujeres que viven aquí es posible que sean las causantes de sus muertes, tendrán que venir con nosotros y permanecer en el calabozo hasta que se resuelve el caso.
Una mujer se llamaba Bernarda y la otra Adela, esta, estaba embarazada.

Vecino: (despreciando y gritando)Pero ¿qué le habéis hecho a vuestra madre?¿ y vuestra hermana, que hacía embarazada?

Prudencia: yo ya sabía que no querían a su madre… pero nunca me hubiera imaginado que fueran capaces de semejante horror. ¡Fuera de este pueblo, asesinas!

Aparece Pepe el Romano

Martirio: (se dirige a Pepe el romano gritando) ¡Vete al infierno, eres el causante de todo lo que ha sucedido, no hay más culpable que tú! ¡Qué Dios te haga pagar lo que has hecho!

Todos los vecinos les tiran piedras mientras la policía se las lleva esposadas. Con cara de muertas abandonan la casa del verdadero infierno. Se cierra el telón.

Así lo quiere Mireia

Se oyen, a lo lejos, voces de caballeros. En una habitación blanca, llena de mujeres de luto, reina el silencio, sólo lo rompen los gemidos de Magdalena..

BERNARDA. No quiero ni una cara triste. Es un honor que mi hija haya muerto virgen (Se dirige a Angustias) Cose. La boda se va a celebrar porque aquí no ha sucedido nada malo.

ANGUSTIAS. Madre, quería pedirle...

BERNARDA (interrumpiendo a Angustias) ¿Pedirme? ¡¿Acaso tienes derecho alguno a pedirme nada?! No pidas: sólo obedece.

PONCIA. (Entra alterada por los gritos de Bernarda) ¿Qué sucede?

BERNARDA. ¡Poncia, a lo tuyo! ¿Acaso no ves el suelo sucio?

ANGUSTIAS se retira. PONCIA permanece en el cuarto.

PONCIA. Bernarda, yo también soy madre y sé que los hijos son difíciles de tratar pero, ante todo, son hijos y queremos lo mejor para ellos...

BERNARDA Te contraté para que limpiaras los suelos y te preocuparas de mantener nuestra casa impecable. Retírate.

PONCIA. ¿Crees que voy a permitir que estas cuatro hijas que te queden se acaben matando unas a otras? Tú a ellas no las quieres... no eres su madre, eres sólo el guardián de su eterna cárcel.

BERNARDA. ¡He dicho que te calles! ( le golpea repetidas veces en la cabeza con el bastón. Respira y se va)

CRIADA ( Aparece de detrás de una puerta, con cara de sorpresa y espanto a la vez. A su lado está Maria Josefa, tan solo sorprendida) ¿Cómo consientes que te trate así?

PONCIA. Esa pregunta debería habértela hecho yo cuando Don Benavides todavía estaba vivo, ¿no es así?

CRIADA (Agacha la cabeza con un gesto de comprensión a la situación de Poncia y de reflexión hacia su absurda pregunta) Creía que jamás iba a ser descubierto.

MARIA JOSEFA: De vez en cuando una alegría no duele....

CRIADA. Cállese usted, Maria Josefa.

PONCIA. Son muchos los años que llevo trabajando aquí, ésta es más hogar para mí que mi propia casa. Además, a mi edad, una ya no está para buscar trabajo... y, después de lo de Adela, una queda con el corazón dañado...

Entra Angustias que, al oír el nombre de su hermana, ha entrado violentamente en la conversación.

ANGUSTIAS. Adela no era mi hermana, era una mujer de la calle.

PONCIA. No te hagas la dura. Si no quieres acabar como Bernarda, acepta que tu prometido no está enamorado de ti. Has hallado el matrimonio, no el amor.

ANGUSTIAS. (Rompe a llorar. Poncia y la criada se le echan encima inmediatamente tratando de consolarla) No puedo más... no recuerdo la felicidad, no recuerdo cuando mi corazón palpitaba...

CRIADA. (con un hilo de voz...) ¡Pero, ahora te casarás !

ANGUSTIAS. Siempre he vivido con la esperanza de casarme... Pero mi boda sólo será un festejo. Pepe no me quiere, Adela ha muerto porque me caso con su verdadero amor y el resto me odian porque ni siquiera son mis hermanas. (De nuevo rompe a llora, tiene la cara tan triste, que no parece nada más que el reflejo del verdadero dolor)

BERNARDA. ( Entra en la sala, enfadada) ¡Silencio! ¡Angustias: a coser! ¡Poncia: a preparar la cena! ¡Madre: a su cuarto, ya ha disfrutado mucho por hoy! Criada: ¿acaso el patio reluce?

Portada de Carlos, texto de Muna

Esta es la portada que propone Carlos Molina y a continuación podéis leer el texto que propone Muna:

Después del triste suicidio de Adela, su amor se marchó con el rabo entre las piernas al temer que Bernarda se vengaría por coquetear con sus hijas.
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Bernarda: Como te vuelva a ver merodeando por mi casa, te juro que lamentarás haberlo hecho.

Pepe El Romano: (se queda paralizado, no sólo por las palabras acuchillantes y amenazadoras de Bernarda, sino por su horrible mirada. Se queda inmóvil delante de la gran puerta de madera de las Alba. Bernarda, sin dejar de clavar su mirada en los atemorizados ojos del Pepe El Romano, cierra la puerta con toda su energía. )

(Se escucha el ruido de la puerta al cerrase con fuerza¡¡¡¡PLAM!!!)

(Todas las mujeres llegan escaleras abajo, sin otro pensamiento que lo peor)

Martirio:¡Madre! ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho?

Poncia: ¡Bernarda explica lo que ha pasado!

Bernarda: No ha pasado nada que no tuviera que pasar, ya esta todo en orden.
¡Calladitas y andando al oratorio, que es donde deberíais estar y no dándome angustias y problemas!

Amelia: ¡Pero mama!¡No me diga que le ha disparado!

Bernarda: Callaros de una vez o de lo contrario si voy a empezar a disparar.
¡He dicho al oratorio! Y no me lo hagáis repetir.

(De repente Angustia abre la puerta mientras grita)

Angustia: Pepe El Romano! ¿Dónde estas?

Bernarda: Hija ingrata, apártate y que no vea yo lloros por un Casanova desgraciado al que nunca volveréis a ver.

Magdalena: ¡Anda, hermana, vámonos ! Levántate y no llores.(Susurrando) El volverá.

(Todas las mujeres van hacia el oratorio).

(Empiezan a orar con frustración, albergando sentimientos contradictorios y egoístas).

(Bernarda sale del oratorio y cierra la puesta se aleja rápidamente y esconde la llave donde nadie la pueda encontrar jamás. Se la traga.)

(Bernarda siente que le falta el aire, no puede respirar y corre hacia la cerrada puerta del oratorio. Golpea apenas sin fuerzas con su inseparable bastón).

(Mientras tanto al otro lado de la puerta, las hijas...)

Amelia: ¡Madre! ¿Que le pasa?

Bernarda: Tres golpes de bastón fuertes

Poncia: ¡Bernarda!¡Bernarda! ¡Que estas haciendo!¡Abre la puerta!

Bernarda: Dos golpes de bastón débiles

Martirio: ¡Madreeee!

Bernarda: Un golpe de bastón muy débil.

[Bernarda pierde el equilibrio cayendo muerta frente a la puerta]

Todas las mujeres: (Golpean con todas sus fuerzas tirando finalmente la puerta abajo)

Hijas: ¡Madre!

Martirio: ¡Madre! (mirando a Angustia con cara de sorpresa y felicidad ) ¡Esta muerta!

Angustia: ¿Muerta? ¿Muerta de verdad?

Magdalena: No puede ser ya la siento aun, aquí, en esta casa.

Poncia: ¡Es verdad! (gritando temblorosamente) ¡Es verdad! su espíritu sigue aquí, pero no por mucho tiempo

ABRAMOS LAS PUERTAS Y LAS VENTANAS QUE ENTRE LA LUZ, QUE ENTRE LA VIDA, LA ESPERANZA DE UN NUEVO DÍA.

Todas: (Corren hacia las cerradas ventanas y con nervios y temblando las abren de par en par. Todo se inunda de luz desvaneciendo la esencia maligna con la que Bernarda había impregnado la casa).

Hijas: (Asomándose a las ventanas ilusionadas por un nuevo renacer).

jueves, 5 de junio de 2008

Alba, va a por todas...


Alba, en su estilo, da la campanada ¿qué os parece?:

Bernarda: Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla a la cara. ¡Silencio! ¡A callar he dicho! ¡Las lágrimas cuando estés sola! ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio!

(Ha pasado un año desde que Adela se suicidara, se encuentran en la Iglesia en plena misa por el recuerdo de la hija menor de Bernarda Alba, todo el pueblo acude, Bernarda Alba en primera fila y de luto riguroso está muy desmejorada)

Vecinas del pueblo: De nuevo Bernarda te damos el pésame, sentimos lo de tu hija menor.

Bernarda: No necesito que las chismosas del pueblo vengan a compadecerse de mí, ni siquiera que acudan a la misa para cotillear después sobre la muerte de mi hija.

(Abandonan la Iglesia, Bernarda va última detrás de sus hijas, avanza con su bastón en la mano, van hacia casa.)

Bernarda: En cuanto lleguéis a casa poneros a limpiar la habitación de Adela, no quiero conservar nada de ella, además Poncia me ha pedido que se la arriende para su nieto que llega mañana.

Martirio: Esperaba este momento desde hace meses, esa niña consiguió sacarme de mis casillas hasta el día que nos dejó.

Angustias: Martirio, no debes hablar así de nuestra hermana, tú erraste igual que ella y jamás podré olvidar el daño que me hicisteis ambas.

Magdalena: Y todo ¿para qué?, luego huyo y desde aquel día somos aún mas desgraciadas, estamos hundidas desde hace años y no levantamos cabeza.

(Entra Poncia al comedor donde estaban reunidas, entra con un niño en los brazos)

Magdalena: ¿Y ese niño, de donde ha salido?

Poncia: Es mi nieto. Es de mi hija, la que vive en América, ella no puede criarlo.

Bernarda: ¿Quién os manda meteros en la vida de la criada?, haced vuestras labores.

(Poncia se retira a la habitación de Adela y acomoda al niño, lo instala en la habitación de la hija menor de la casa.)

Poncia: Bernarda, debo hablar contigo, ha ocurrido algo que debes saber.

Bernarda: ¿Y ahora qué problema tienes?¿Qué más quieres?

Poncia: No es eso, este niño... en realidad, este niño de quien verdaderamente es nieto, es de ti, Bernarda.

Bernarda: Deja de inventar chismes absurdos. vieja.

Poncia: Es el hijo de Adela, me lo dejo porque sabía que tu no querrías saber nada de él y me lo confió a mi.

Bernarda: Eso habrá que verlo, este niño es y será siempre tu nieto hasta el día de mi muerte y la muerte de mis hijas, jamás lo reconoceré, ¿qué diría el pueblo de mi difunta hija?, además de rebelde, mala madre. No puedo consentir tal barbaridad en mi familia, y si se te ocurre ir comentándolo a alguien, olvídate de esta casa y prepárate para vértelas con Bernarda Alba.

(Pocia no sabe que hacer, se retira de nuevo a su habitación. Cuida del niño y calla la verdad por miedo a enfrentarse a Bernarda)

Bernarda: ¡Poncia! No me siento a gusto, llama al doctor.

(Poncia asiente con la cabeza y se retira)(Llega el doctor)

Poncia: Pase por aquí, la señora Bernarda esta en su habitación.

(Entran a la habitación)

Poncia: ¿Bernarda? ¡Despierta Bernarda! ¿Qué te ocurre? Doctor ¡haga algo!

Doctor: ¿Bernarda, me oye? No respira, ha muerto.

(Entra Adela)

Martirio: ¿Que? ¿Que mi madre ha muerto? ¡No puede ser, apártese! Qué horror, tantas veces deseé su muerte y ahora, mírenla, yace en su cama tan tranquila.

Poncia: No puede ser, fui yo, fue mi culpa, yo la maté. Le di un disgusto.

Doctor: No se torture, vamos.

Martirio: ¿De que hablas Poncia, vamos dime!

Poncia: ¡Mi nieto es el hijo de Adela!

(Entran el resto de hermanas, desconsoladas, su madre ha muerto)

Magdalena: ¿De qué nos hablas, como puede ser?

Martirio: No te creo, es imposible.

Amelia: Respetad a nuestra madre que acaba de morir, y preocuparos de prepararlo todo para velarla hoy mismo.

(Se retiran a preparar el velatorio de su madre en casa)

Magdalena: En breve empezará a venir gente.

Martirio: No me lo creo aún, no puede ser.

Amelia: La desgracia lleva por apellido La Casa De Bernarda Alba.

(Llaman a la puerta, Poncia abre, aparece Pepe el Romano)

Angustias: ¿Qué haces tú aquí?

Pepe: Debía venir a velar a la mujer que trajo a la vida a la madre de mi hijo.

Angustias: No tienes vergüenza, no te quiero aquí, ¿qué dirá la gente después de todo lo que hiciste?

Pepe: No va a venir nadie más, y yo he venido a verla y a llevarme a mi hijo, tu madre ya no era la misma.

Angustias: No voy a consentir tal falta de respeto en mi casa, desde ahora yo haré respetar a mi difunta madre.¡Silencio! ¡Silencio he dicho!

miércoles, 4 de junio de 2008

La versión de Víctor




Víctor inventa este final :

Sábado, 10 de junio de 1936

Salón de la casa de Bernarda, el féretro en medio de la sala. Bernarda junto a su madre y sus hijas recibe el pésame de los visitantes).
BERNARDA
(Se levanta para decir las últimas palabras)
Sólo quería decir que deberíais estar orgullosa de mi hija que ha muerto virgen.
MARTIRIO
Sí, orgullosas deberíamos estar. Pero no porque muriese virgen, sino porque fue la única que
se atrevió a enfrentarse a ti.
BERNARDA
i Pero cómo te atreves!
MARTIRIO
i Lo hago porque tú has sido la causante de todo esto!
BERNARDA
i Respeta a tu madre!, ¿O es que no deseas recordar que fuiste tú quien gritó que Pepe había muerto?, ¿O que fuiste tú quien la perseguía por las noches para averiguar qué tramaba? Una es vieja pero no tonta y si alguien tiene la culpa no somos ninguna de nosotras, sino el prometido de Angustias, que deberá pagar por lo que le ha hecho a nuestra familia.
ANGUSTIAS
Pero, madre ...
BERNARDA
i No quiero lloros! Ese que iba a ser tu futuro esposo pagará tarde o temprano. ¿O no te das cuenta de que ya no te quiere? Pobre ingenua, estás tratando con hombres, solo desean su propio bien, y no se preocupan de lo que les pueda pasar a los demás, y cuantas más mujeres prueben, más desearán. Así que ya te puedes ir buscando otro marido, porque la última mujer que verá ese perro en vida seré yo cuando lo mate con mis propias manos.
MARTIRIO
(Se levanta con brusquedad de la silla junto a su madre)
¡Yo no aguanto más, me voy de aquí!
BERNARDA
(Imitando el gesto de su hija, la retiene con el antiguo bastón ahora arreglado)
Tú no vas a ninguna parte, guardarás el luto como todas nosotras, aquí encerradas en casa. Poncia, ayúdame a cerrar puertas y ventanas.
(Bernarda se dirige hacia la puerta y echa la llave, al mismo momento que se levantan odas).
PONCIA
Yo no volveré a ser cómplice de ningún otro encierro, es más, no estoy dispuesta a volver a obedecerla ni a perder más tiempo en esta casa con usted dentro.
BERNARDA
(Mientras se dirige hacia Poncia, Angustias le cierra el paso, tropieza y se le vuelve a quebrar el bastón).
Pero como os atrevéis a ... no estaréis pensando en ... ¡no!
MARTIRIO
Si madre, ya te toca descansar, nos has quitado demasiados años de vida con tus reglas. Y no estamos dispuestas a perder otro año de vida aquí encerradas porque tú nos obligues.
BERNARDA
Entonces decidme ¿qué pretendéis hacer?, ¿matarme?
MARTIRIO
Tú siempre tan acertada, madre, lo haremos para que parezca un accidente.
(Todas se abalanzan sobre Bernarda que solo tiene tiempo para decir una cosa en voz baja)
BERNARDA
iSilencio!

María continúa de esta manera:

















María que ha realizado una portada tan personal nos propone un final liberador:

Amanece un nuevo día en la casa de Bernarda Alba. Han pasado ya cinco días después de la muerte de Adela. En el patio han crecido nuevas flores y la luz se cuela por los ventanales.


( MARIA JOSEFA se encuentra en su habitación haciendo la maleta. Entra AMELIA para llevarle el desayuno.)


AMELIA. ¿Qué hace abuela?
MARIA JOSEFA. (Haciendo las maletas) Me voy.
AMELIA. ¿Que se va? ¿Y a dónde va a ir usted, con su edad?
MARIA JOSEFA. A la orilla del mar, bien lejos de aquí, a vivir todos los años de mi vida que he malgastado viviendo en casa de tu madre.

(MARIA JOSEFA sale por la puerta decidida y baja con velocidad las escaleras).

AMELIA. ¡Abuela! ¿Dónde cree usted que va?
MARIA JOSEFA. ¡Me voy! ¡Adiós maldita casa! ¡Hasta nunca!
AMELIA. (Siguiendo a MARIA JOSEFA por las escaleras) ¡Vuelva aquí inmediatamente!


(PONCIA sale al patio después de oír el escándalo)

PONCIA. ¿Qué sucede niña?
AMELIA. ¡Atrápela, Poncia, que no salga por la puerta! ¡Ay, válgame Dios! ¡Qué escándalo! Se va a enterar todo el vecindario.
PONCIA. (A MARIA JOSEFA, agarrándola del brazo y ésta intentando escapar) Venga acá, Maria Josefa, no haga usted estas cosas, que ya tiene una cierta edad. ¡No insista, que aún será peor si doña Bernarda se entera del jaleo que está montando!

(BERNARDA aparece alterada tras oír gritos en el patio)

BERNARDA. (A PONCIA) ¡Poncia, enciérrala en su habitación y átala a la cama! ¡No quiero oírla más!
PONCIA. Sí señora.
MARIA JOSEFA. ¡Bruja! ¡Soltadme, soltadme he dicho! ¿Es que no me oís? ¡Soltadme de una vez por todas!
BERNARDA. (A MARIA JOSEFA, haciéndola callar) ¡Tsss! Madre, no me alce la voz, que pronto asomarán a las ventanas las vecinas.
MARIA JOSEFA. Ay, Bernarda, has conseguido lo que querías: Que todo el pueblo te tema y hasta tus hijas, ¡hasta tus hijas! ¡Pero yo, no Bernarda, yo no! ¡Ni por encima de mi cadáver! Yo me voy, aquí os dejo. ¡Me voy a saber lo que es la vida fuera de estas paredes prisioneras!

(De repente aparece MAGDALENA bajando por las escaleras hacia el patio y se une a la conversación)

MAGDALENA. (A MARIA JOSEFA) ¡Abuela, agárreme del brazo que nos vamos usted y yo a conocer lo que realmente es la libertad!
PONCIA, ¡Se han vuelto locos! ¡En esta casa se han vuelto todos locos! ¡Dios mío!
MARIA JOSEFA. Vamos, niña, ¿tienes todas tus cosas preparadas ya?
MAGDALENA. Sí, abuela, lo llevo todo aquí (enseñando una pequeña bolsa de piel)
BERNARDA. ¡No me hagáis ir a por la escopeta otra vez! (MARIA JOSEFA y MAGDALENA se apresuran para escaparse) ¡Poncia, acércame la escopeta! ¡Poncia!
PONCIA. ¡Señora, la escopeta ha desaparecido!

(MARIA JOSEFA y MAGDALENA salen con mucha rapidez por la puerta y logran escapar)

BERNARDA (A PONCIA) ¡Que se marchen, que se machen! Van a morir de hambre ahí fuera. Ya volverán. No tardarán mucho. ¡Pero te aseguro, Poncia, que esta casa no la volverán a pisar. No, mientras yo viva en ella!



miércoles, 14 de mayo de 2008

Luces de bohemia


Alba, Laia, Mireia, Miriam, Gerard y Maria han grabado la escena XI de Luces de Bohemia de Valle Inclán. Se trata, junto con la escena del preso anarquista catalán (que aquí va a tener su triste conclusión), de la escena más dramática de la obra. Desaparece el humor y la ironía valle-inclanesca para dar paso a la rabia y a la conciencia social. Los "daños colaterales" de la defensa de la propiedad privada se ponen de manifiesto en la desolación por la pérdida de una vida inocente:


jueves, 8 de mayo de 2008

A l'insti ja es pot parlar!!!





Ja podeu escoltar el Super-programa de Sant- Jordi, el programa que inicia la RÀDIO DE L'INSTI:




lunes, 21 de abril de 2008

La realidad, el sueño


Reflexionando acerca de los espacios que nos angustian, hemos dado en el tema de los SUEÑOS, vemos como consisten en una especie de diálogo que nos permite llegar a nuestra verdadera realidad. Como en ellos encontramos nuestra verdad, más allá de la versión con que nos gusta adornarnos cuando estamos plenamente conscientes.

Borges nos ha sorprendido con estecuento: El episodio del enemigo, en él hemos encontrado el tema esencial del remordimiento, del desagrado con nuestras acciones, con nuestra verdadera realidad, con la venganza en su versión más pura, ¿con la justicia?

Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.
Me incliné sobre él para que me oyera.
Uno cree que los años pasan para uno le dije pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.
Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.
Me dijo entonces con voz firme:
Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Lo tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.
Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:
Es verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.
Precisamente porque ya no soy aquel niño me replicó tengo que matarlo. No se trata de una venganza sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.
Puedo hacer una cosa le contesté.
¿Cuál? me preguntó
Despertarme.
Y así lo hice.

Nos gusta esta versión de Andrés Zayed:






viernes, 11 de abril de 2008

Los dos Reyes y los dos laberintos


Este cuento nos ha permitido reflexionar sobre el tema del Laberinto: del espacio angustioso.


En clase habéis dicho cosas interesantes: que un laberinto puede ser un problema de matemáticas, el mar, la vida, una pesadilla....


Habéis también escrito algunas descripciones de lo que consideráis un espacio angustioso y propuesto imágenes. Veamos:


Patricia:


Era un sábado como otro cualquiera, ese día llovía bastante. Iba con mis padres y mis hermanos en el coche, de repente, empezó a llover aun más, las gotas de agua caían sobre el coche provocando un estruendoso ruido, poco a poco empezó a aparecer una especie de niebla espesa en toda la carretera y a continuación de ésta, el viento. Yo no paraba de pensar que no pasaría nada y por suerte así fue.


Leticia:


La soledad me resulta un espacio inquietante.Cuando vas por la calle, insegura de ti misma, observando a todo intruso que pasa por tu lado y bajas la mirada.En el tren van pasando distintas caras, distintos estilos, distintas personas y tu vas pensando y, con miedo, vas entrando en tu propio mundo inmenso, oscuro, solo...


Dani:


Un espacio inquietante sería una calle del pueblo donde veraneo. Este pueblo al ser pequeño tiene muchas calles estrechas y ésta, no va a ser una excepción. Es una calle que rodea la parte superior de la zona oeste del pueblo. A un lado de la calle, se ven los tenebrosos prados con sus malas y altas hierbas las cuales se mueven con el viento que produce un estruendo que estremece.
La calle es conocida como “La calle de las cabras”, ya que hay un corral de éstas en el otro lado y no sabes nunca si lo que oyes es el ruido de las cabras con la campana u otra cosa.
Esta inquietante calle también está compuesta de un cementerio viejo, que, además tiene una puerta rota que se mueve y se sostiene por un hilo. Pero sin duda, el elemento más terrorífico no es ni su estrechura, ni las cabras, ni el cementerio sino que está casi a oscuras, y digo casi porque hay una farola que alumbra la figura de una torre de electricidad la cual, te obliga a desarrollar tu imaginación ya que parece un hombre.
Mi horror por esa calle se remota a hace mucho tiempo y todavía ahora me da miedo.

Pero Marta Adrià envía un espacio inquietante que seguro que os resultará muy familiar, ¿no?:

Una de las situaciones más angustiosas que conozco es la sensación de sentarse en una silla para hacer un examen y ver que no tienes ni remota idea del tema.
En estas situaciones te sudan las manos tanto que se te resbala hasta el bolígrafo. De hecho, no solo te sudan las manos, un fuerte sudor empieza a recorrer todo tu cuerpo, sientes que aumenta el grado de calor, se te nublan los ojos y una súbita fiebre parece que empieza a apoderarse de ti. Entonces es cuando aparecen los remordimientos de conciencia por no haber estudiado más. Luego viene el último síntoma que son las terribles ganas de llorar que tienes que contener para no llamar demasiado la atención. Ésa desesperación la podemos clasificar como la primera fase, la segunda es el intento, es entonces cuando te propones responder tantas preguntas como sepas pero ahí aumenta la angustia ya que te giras y ves a todos los compañeros escribiendo, ves las hojas llenas de letras, sólo oyes el ruido ininterrumpido de los bolis en el papel... es aquí cuando interviene la última fase; el abandono. Al ver que no tienes capacidad para resolver ninguna interrogación más, decides acabar con esta sensación tan amarga y entregar el examen prácticamente en blanco.
Aunque eso sí, la peor sensación de todas aún queda por llegar, que es el momento en que te dicen la nota.

viernes, 4 de abril de 2008

Un final para Cortázar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
"Final de juego", Julio Cortázar 1956. © 1996 Alfaguara




Hemos inventado finales a esta historia. Ahí van algunos:


Leticia propone:


El lector nervioso, sofocado, dominado por la intriga, no puede despegarse de la adicción de esas líneas. De repente oye un extraño ruido, no sabe si es un sonido verdadero o imaginado y sigue inquieto en ese alto sillón de terciopelo verde cuando una mano le toca el hombro y va deslizándose lentamente por el hombro. Empieza a latirle cada vez más rápido el corazón, de lo nervioso que está suelta el libro, se le cae… cuando escucha la voz de su mujer. Todo queda en un pequeño susto al creer que la mano era de aquel intruso que entró en la sala como en la novela.


Geraldine:


Aquel hombre del sillón de terciopelo verde permanecía allí, con el corazón en un puño, temblaba de miedo al ver que el puñal se acercaba cada vez más a su cuerpo.Por suerte reaccionó a tiempo y cerró el libro. De esta manera la historia terminaba de manera fulminante.


Luís:


Justo cuando leyó esas últimas palabras tuvo un mal presentimiento; sabía que algo malo iba a sucederle pero estaba tan intrigado en su novela que decidió seguir leyendo. Unas dos o tres líneas después comprendió que él era el marido que estaba a punto de ser asesinado. Se asustó y cerró el libro. Segundos después, cuando se hubo asegurado de que no había nadie en la habitación, volvió a abrir la novela. Todas las páginas estaban en blanco.


Denise:


El lector está desesperado, sólo le quedan una escasas líneas para acabar la intrigante novela. Se le hace eterno el año de espera hasta la aparición de la segunda parte. Fue el primero en ir al comercio a comprar el libro, Volvió a coger el tren para refugiarse de nuevo en su mansión y leer tranquilamente, Devorado y absorbido por las páginas del libro, sabía que estaba involucrado en la historia pero no sabía hasta qué punto. Tenía que leer todo el libro para saber qué le pasaría. Por seguridad decidió ir a leer al bosque y así fue. Cando acabó se encontró muy disgustado porque no había conseguido ser parte de la historia aunque, también, sintió un gran alivio por seguir vivo…


Pedro:



Le sudaba todo el cuerpo y le temblaban los brazos. Agarraba el puñal con todas sus fuerzas, devorado por la rabia y el rencor.
Sentado en su sillón de terciopelo negro, empezó a sospechar que la historia tenía relación con su vida. Intentó no darle importancia hasta que escuchó unos pasos, su corazón empezó a latir a cien por hora. Se tapó los oídos pero los pasos seguían en su interior.
Se iba acercando al sillón, poco a poco, con pasos pequeños y silenciosos, levantó el puñal hasta lo máximo que su brazo alcanzaba.
En ese instante, lo vio reflejado en el cristal de la ventana y con un movimiento rápido se apartó del sillón, con lo cual el puñal falló y se clavó en el centro del libro e instantáneamente desapareció la intrigante novela.

Dani

De repente tuvo un presentimiento. Se estremeció. Empezó a mirar las demás páginas de la novela. Cada vez estaba más asustado. Vio que las páginas que faltaban, estaban en blanco.
El hombre, angustiado, siguió leyendo la novela aunque sabia que algo había de suceder. Justo al empezar a leer vio la sombra de alguien en la novela. No pudo leer más.
El amante, con la sangre del hombre, escribió:

FIN DEL JUEGO.


Y, entre todos, hemos elaborado dos propuestas de final:


  • Entonces volvió la cabeza, en la mano el libro permanecía abierto, reconoció el rostro que lo atormentaba noche tras noche, que emponzoñaba la posibilidad de entregarse al sueño que repara y cura. Cerró el libro con resolución, luego cerró la casa y se marchó por la senda bordeada de álamos.

  • Sintió en la espalda la respiración alterada por la rabia y la excitación. Pero no era la primera vez que se encontraba en esta situación, la experiencia le permitía ya sentir el especial placer del momento. No sin pesar levantó los ojos del libro, los fijó en las amarillentas pero todavía bellas hojas del roble, suspiró profundamente para darse ánimos para la que iba a ser la más arriesgada de las acciones de aquel día: cerrar el libro.

martes, 1 de abril de 2008

LA VEU, LA IL·LUSIÓ




La ràdio de l'IES "Les Corts" la tenim pràcticament enllestida, gràcies a la feina i a l'entusiasme de l'alumnat de primer de Batxillerat.

El primer tema, pròpiament radiofònic, l'envia l'Esther Rodríguez, es tracta d'un reportatge a partir de la Diada del 8 de març. L'Esther reflexiona sobre els principis de la més estricta justicia que encara discriminen les dones per vergonya de la nostra civilització.

Escolteu-lo, està ben fet i, a més, ha estat capaç d'acompanyar-lo de sons i músiques que ens suggereixen més enllà de la força de la pròpia veu.


jueves, 27 de marzo de 2008

¡PAULA Y DIONISIO!



¡Lo hemos conseguido!


No sólo lo hemos pasado bien recreando el descubrimiento de un nuevo mundo por parte del pobre Dionisio, también nos hemos dado cuenta de lo dificil que puede resultar cambiar la suerte que nos ha tocado vivir y como, a veces, la libertad es un espejismo... También, aunque nos ha costado, por primera vez hemos sido capaces de crear un archivo de sonido y de subirlo al blog ... De aquí a la radio no hay más que un paso...


He recbido varias grabaciones, ésta es la que han mandado Andreu, Miranda y Francesc se trata de la irrupción de Paula en la habitación de Dionisio y, en realidad, ahí va a empezar todo:




jueves, 13 de marzo de 2008

VIVIR LA POESÍA


Aquí estáis en el momento de empezar a pensar en la poesía.

Rápidamente habéis hecho hablar a las cosas:

Jessica habla con su almohada y dice:

La almohada me dijo que ya no aguantaba más mi dolor de cabeza.

Y Cristina hace una "greguería" acerca de la ventana:

La ventana está constipada y es maleducada, cuando tose nunca se tapa la boca.

Mónica hace otra:

La hoja de papel en la que escribo me dijo que sólo dejaría tatuar su cuerpo si escribía que la gente no tatuara los cuerpos de los de su especie.

Y Roser recoge la queja de su peine...:

No me dejan parar:
se peinan sin cesar.
Quieren que rice,
quieren que alise,
trabajo sin parar.

Envuelvo el pelo,
enredo y desenredo
mañana, tarde y noche
frente al espejo.

Quieren que los consiga cambiar.

Mirad también el poema de Jessica acerca de la pizarra:

Me siento sola,
pero a la vez acompañada.
Me siento cotilla,
pero a la vez psicóloga.

La gente confía en mi ,
sobre todo los profesores,
les sirvo de ayuda,
Y les saco algunos sudores.

Soy el centro de atención
Lo que yo digo inspira devoción
Pero, cuando el mayor se va,
Puede llegar la destrucción

Me gusta que me utilicen,
me gusta ayudar,
me gusta observar a todos los alumnos ,
Y me gusta estudiar.

Soy la fuerza que nunca se acaba,
soy la pieza mas madura,
soy tu compañía,

Soy la PIZARRA



lunes, 10 de marzo de 2008

VIVIR LA LITERATURA




OVEJAS Y CAMELLOS


Hemos estado disfrutando de los cuentos de Julio Cortázar y de Augusto Monterroso. En ellos nos hablan de ovejas y de camellos. Los hemos leído, hemos reflexionado acerca de ellos, luego nos hemos mirado y hemos mirado también lo que nos rodea.


Julio Cortázar escribió un cuento que, en principio, nos pareció raro, hablaba como una máquina, alguien del curso dijo que estaba bien, porque la justicia, la administración, las costumbres y las reglas de los "normales" son como una máquina que a veces nos determina y nos ahoga. Éste es el texto acerca de GUK:

Camello declarado indeseable

Aceptan todas las solicitudes de paso de frontera, pero Guk, camello, inesperadamente declarado indeseable. Acude Guk a la central de policía donde le dicen nada que hacer, vuélvete a tu oasis, declarado indeseable inútil tramitar solicitud. Tristeza de Guk, retorno a las tierras de infancia. Y los camellos de familia, y los amigos, rodeándolo y qué te pasa, y no es posible, por qué precisamente tú. Entonces una delegación al Ministerio de Tránsito a apelar por Guk, con escándalo de funcionarios de carrera: esto no se ha visto jamás, ustedes se vuelven inmediatamente al oasis, se hará un sumario.
Guk en el oasis come pasto un día, pasto otro día. Todos los camellos han pasado la frontera, Guk sigue esperando. Así se van el verano, el otoño. Luego Guk de vuelta a la ciudad, parado en una plaza vacía. Muy fotografiado por turistas, contestando reportajes. Vago prestigio de Guk en la plaza. Aprovechando busca salir, en la puerta todo cambia: declarado indeseable. Guk baja la cabeza, busca los ralos pastitos de la plaza. Un día lo llaman por el altavoz y entra feliz en la central. Allí es declarado indeseable. Guk vuelve al oasis y se acuesta. Come un poco de pasto, y después apoya el hocico en la arena. Va cerrando los ojos mientras se pone el sol. De su nariz brota una burbuja que dura un segundo más que él.


Pronto conocimos cercanos Guks, en la tele conocimos el caso de la "Ecuatoriana declarada indeseable"


Nos pusimos a escribir y nos salió esto:

Guk es golpeado en el metro, su agresor le patea, le pega y le dice que no tiene derecho a estar aquí, que se vaya a su país, que está ensuciando nuestra tierra.

Los otros camellos se manifiestan. La ministra de asuntos exteriores de su país visita a Guk. Esto es intolerable. Hay un conato de enfrentamiento entre cancillerías. El canciller de aquí le recuerda la Deuda Externa de su país y le promete que la justicia actuará severamente, éste es un país muy serio, de sólida trayectoria democrática. La canciller regresa al oasis.

Gran escándalo en el país muy serio y de sólida trayectoria democrática. La policía localiza al agresor de Guk, los periodistas y las cadenas de televisión también. Guk tiene miedo, no sale de casa. El agresor bebe cerveza rodeado de periodistas y de cámaras de televisión.

El país muy serio y de sólida trayectoria democrática pide un castigo ejemplar, el agresor, rodeado de periodistas acude a la comisaría, Guk acude también, asustado, con la cara tapada. Guk le explica al juez qué pasó y vuelve a encerrarse en su casa, tiene miedo y se acurruca en su cama. El agresor permanece largas horas ante el juez que le impone la pena: debe marcharse a su casa no ha roto ningún hueso a Guk, no le ha hecho mucho daño. Allí le esperan los representantes de casi todos los periódicos y cadenas de televisión del país muy serio y de sólida trayectoria democrática, todos llevan un talonario de cheques.

Pero me gusta también mucho esta otra ADAPTACIÓN:

Admiten a todos para formar parte del equipo, pero él, gordo, con gafas, es declarado indeseable.
Se acerca a la profesora que le dice: no tiene importancia, son cosas que pasan, otro día jugarás…
Tristeza de Guck, juega solo con su máquina, hace ver que lee un libro… Pasan los días de tristeza en el patio, un grupo de profesoras deciden ayudar a Guck, se tratará el tema en las tutorías, se procura ser delicadas y se habla en general, la injusticia, el derecho a ser todos iguales, el deber de ponerse en el lugar de los demás…. Los alumnos toman apuntes, muy serios, hacen ejercicios en los que analizan y denuncian casos de marginación.

El domingo quedan para ir juntos al cine, nadie invita a Guck. Guck se queda en casa, viendo la tele con la abuela, imagina las risas, los abrazos, las palomitas…. Va a la cocina, abre la despensa y se sirve un combinado de chocolate, galletas, el resto de la tarta de cumpleaños de su hermana, nata y un bol de frutos secos, siente una sensación de alivio a medida que la comida se desliza camino del estómago cada vez más prominente.

La oveja NEGRA
Augusto Monterroso



Y Andreu Rami nos ha enviado esto:

En un cercano país existió hace muchos años una Hormiga Roja.

Fue asesinada.

Al día siguiente, todo el hormiguero horrorizado, se movilizó en masa para elegir una Reina que no permitiera los asesinatos.

Cuatro años más tarde, como no mataron a nadie, ninguna hormiga fue a elegir a otra Reina.
Y de nuevo volvieron a matar una hormiga roja, con eso garantizaban que las hormiguitas salieran de sus casas y tuvieran que elegir a otra líder.

Y así, sucesivamente, cada cuatro años se sacrificaba a alguien para asegurarse que las habitantes del hormiguero cumplían libremente su derecho a escoger (sin coacción alguna) a su guía y protectora.



En memoria de Isaías Carrasco.

lunes, 25 de febrero de 2008

La veu, la il·lusió





Som aquí per donar un nou element a l'IES Les Corts, la possibilitat de treballar també amb la veu les nostres il·lusions, la nostra convivència.