viernes, 6 de junio de 2008

La portada de Lisseth y el texto de Laia

Al levantarse el telón está la cocina, una mesa y cuatro sillas. Se encuentran sentadas Bernarda, Poncia y la criada. Se oyen doblar las campanas.

Poncia: El forense estará a punto de llegar, nos preguntará cómo ha muerto…

Bernarda: (interrumpe) No hace falta que digamos nada, lo que tenga que ver, ya lo verá. (Siempre con crueldad) Lo único que tienes que vigilar es tu facilidad para soltar las intimidades de esta casa a las vecinas.

Poncia: Perdone Bernarda, pero yo nunca me ido de la lengua. Yo respeto la intimidad de las personas. Otra cosa es que se enteren ellas solas….ayer por la noche las despertamos a todas.

Bernarda: Aquí nadie sabe lo que pasó ayer, ¿entendido? Adela murió por un ataque al corazón y nada más. Si te preguntan las vecinas, ya sabes lo que tienes que contestar.

Poncia: Cómo usted quiera, Bernarda. (con curiosidad) Y con Pepe el Romano ¿qué vamos a hacer?

Bernarda: La boda se va a celebrar como estaba previsto, si no las vecinas tendrán mucho de qué hablar.

Poncia: ¿Pero no pretenderá que se case con Angustias, después de todo lo sucedido?

(entra Angustias furiosa)

Angustias: Yo no me voy a casar con ese hombre!

Bernarda: Aquí harás lo que yo te ordene. (le da un bofetón)

Angustias: (con toda su ira y desesperación) Estoy harta de que me diga lo que tengo que hacer, de que me pegue, de que me desprecie. He aguantado 39 años y ¡no voy a aguantar ninguno más! Voy a salir de este infierno ahora mismo y me da igual que me lo impida porqué no aguantaré ni un minuto más bajo este techo con usted.

Bernarda: ¡No digas más tonterías y quédate dónde estás! Enfrentándote conmigo no vas a ganar nada ¿Me has oído? (la pega con el bastón)

Angustias: ¡Pare, madre!( no puede evitar devolverle la bofetada, se quedan todas calladas)

(Entran Amélia, Martirio y Magdalena)

Bernarda: (indignada por la situación) Angustias, tú ya no eres mi hija. ¡Sal de mi casa antes de que te eche yo misma! ( le da golpes con el bastón con toda su furia, se caen vasos y platos de cristal por el suelo).

Angustias no aguanta más y empuja a su madre con todas sus fuerzas

Bernarda cae al suelo y la sangre inunda el suelo blanqueado. Bernarda se ha caído justo encima de los cristales y su cabeza los traspasa.

Angustias: (desesperada por lo que está viendo va corriendo hasta su madre) ¡madre, madre!

Poncia: ¡esto es un infierno! (gritando con desesperación)

Bernarda se va volviendo pálida por minutos. Martirio y Angustias están desesperadas. Llega el médico. Mira con asombro la situación. Se dirige a Bernarda y le toma el pulso.

Médico: esta mujer no tiene pulso.

Angustias: ¡Nooooo! (sale llorando)

Entran los vecinos juntamente con la policía.

Comandante: Usted (dirigiéndose a Angustias) levante las manos y quédese quieta.
(se dirige a los otros policías) ¡registrad la casa!

Entran los policías a la casa. Salen con Martirio, Amelia, Magdalena, Poncia y la criada, todas esposadas y llorando desesperadamente. El médico sale detrás.

Policía 1: Aquí dentro hay dos mujeres muertas, una estaba en la cocina y la otra en una habitación. La mujeres que viven aquí es posible que sean las causantes de sus muertes, tendrán que venir con nosotros y permanecer en el calabozo hasta que se resuelve el caso.
Una mujer se llamaba Bernarda y la otra Adela, esta, estaba embarazada.

Vecino: (despreciando y gritando)Pero ¿qué le habéis hecho a vuestra madre?¿ y vuestra hermana, que hacía embarazada?

Prudencia: yo ya sabía que no querían a su madre… pero nunca me hubiera imaginado que fueran capaces de semejante horror. ¡Fuera de este pueblo, asesinas!

Aparece Pepe el Romano

Martirio: (se dirige a Pepe el romano gritando) ¡Vete al infierno, eres el causante de todo lo que ha sucedido, no hay más culpable que tú! ¡Qué Dios te haga pagar lo que has hecho!

Todos los vecinos les tiran piedras mientras la policía se las lleva esposadas. Con cara de muertas abandonan la casa del verdadero infierno. Se cierra el telón.

Así lo quiere Mireia

Se oyen, a lo lejos, voces de caballeros. En una habitación blanca, llena de mujeres de luto, reina el silencio, sólo lo rompen los gemidos de Magdalena..

BERNARDA. No quiero ni una cara triste. Es un honor que mi hija haya muerto virgen (Se dirige a Angustias) Cose. La boda se va a celebrar porque aquí no ha sucedido nada malo.

ANGUSTIAS. Madre, quería pedirle...

BERNARDA (interrumpiendo a Angustias) ¿Pedirme? ¡¿Acaso tienes derecho alguno a pedirme nada?! No pidas: sólo obedece.

PONCIA. (Entra alterada por los gritos de Bernarda) ¿Qué sucede?

BERNARDA. ¡Poncia, a lo tuyo! ¿Acaso no ves el suelo sucio?

ANGUSTIAS se retira. PONCIA permanece en el cuarto.

PONCIA. Bernarda, yo también soy madre y sé que los hijos son difíciles de tratar pero, ante todo, son hijos y queremos lo mejor para ellos...

BERNARDA Te contraté para que limpiaras los suelos y te preocuparas de mantener nuestra casa impecable. Retírate.

PONCIA. ¿Crees que voy a permitir que estas cuatro hijas que te queden se acaben matando unas a otras? Tú a ellas no las quieres... no eres su madre, eres sólo el guardián de su eterna cárcel.

BERNARDA. ¡He dicho que te calles! ( le golpea repetidas veces en la cabeza con el bastón. Respira y se va)

CRIADA ( Aparece de detrás de una puerta, con cara de sorpresa y espanto a la vez. A su lado está Maria Josefa, tan solo sorprendida) ¿Cómo consientes que te trate así?

PONCIA. Esa pregunta debería habértela hecho yo cuando Don Benavides todavía estaba vivo, ¿no es así?

CRIADA (Agacha la cabeza con un gesto de comprensión a la situación de Poncia y de reflexión hacia su absurda pregunta) Creía que jamás iba a ser descubierto.

MARIA JOSEFA: De vez en cuando una alegría no duele....

CRIADA. Cállese usted, Maria Josefa.

PONCIA. Son muchos los años que llevo trabajando aquí, ésta es más hogar para mí que mi propia casa. Además, a mi edad, una ya no está para buscar trabajo... y, después de lo de Adela, una queda con el corazón dañado...

Entra Angustias que, al oír el nombre de su hermana, ha entrado violentamente en la conversación.

ANGUSTIAS. Adela no era mi hermana, era una mujer de la calle.

PONCIA. No te hagas la dura. Si no quieres acabar como Bernarda, acepta que tu prometido no está enamorado de ti. Has hallado el matrimonio, no el amor.

ANGUSTIAS. (Rompe a llorar. Poncia y la criada se le echan encima inmediatamente tratando de consolarla) No puedo más... no recuerdo la felicidad, no recuerdo cuando mi corazón palpitaba...

CRIADA. (con un hilo de voz...) ¡Pero, ahora te casarás !

ANGUSTIAS. Siempre he vivido con la esperanza de casarme... Pero mi boda sólo será un festejo. Pepe no me quiere, Adela ha muerto porque me caso con su verdadero amor y el resto me odian porque ni siquiera son mis hermanas. (De nuevo rompe a llora, tiene la cara tan triste, que no parece nada más que el reflejo del verdadero dolor)

BERNARDA. ( Entra en la sala, enfadada) ¡Silencio! ¡Angustias: a coser! ¡Poncia: a preparar la cena! ¡Madre: a su cuarto, ya ha disfrutado mucho por hoy! Criada: ¿acaso el patio reluce?

Portada de Carlos, texto de Muna

Esta es la portada que propone Carlos Molina y a continuación podéis leer el texto que propone Muna:

Después del triste suicidio de Adela, su amor se marchó con el rabo entre las piernas al temer que Bernarda se vengaría por coquetear con sus hijas.
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Bernarda: Como te vuelva a ver merodeando por mi casa, te juro que lamentarás haberlo hecho.

Pepe El Romano: (se queda paralizado, no sólo por las palabras acuchillantes y amenazadoras de Bernarda, sino por su horrible mirada. Se queda inmóvil delante de la gran puerta de madera de las Alba. Bernarda, sin dejar de clavar su mirada en los atemorizados ojos del Pepe El Romano, cierra la puerta con toda su energía. )

(Se escucha el ruido de la puerta al cerrase con fuerza¡¡¡¡PLAM!!!)

(Todas las mujeres llegan escaleras abajo, sin otro pensamiento que lo peor)

Martirio:¡Madre! ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho?

Poncia: ¡Bernarda explica lo que ha pasado!

Bernarda: No ha pasado nada que no tuviera que pasar, ya esta todo en orden.
¡Calladitas y andando al oratorio, que es donde deberíais estar y no dándome angustias y problemas!

Amelia: ¡Pero mama!¡No me diga que le ha disparado!

Bernarda: Callaros de una vez o de lo contrario si voy a empezar a disparar.
¡He dicho al oratorio! Y no me lo hagáis repetir.

(De repente Angustia abre la puerta mientras grita)

Angustia: Pepe El Romano! ¿Dónde estas?

Bernarda: Hija ingrata, apártate y que no vea yo lloros por un Casanova desgraciado al que nunca volveréis a ver.

Magdalena: ¡Anda, hermana, vámonos ! Levántate y no llores.(Susurrando) El volverá.

(Todas las mujeres van hacia el oratorio).

(Empiezan a orar con frustración, albergando sentimientos contradictorios y egoístas).

(Bernarda sale del oratorio y cierra la puesta se aleja rápidamente y esconde la llave donde nadie la pueda encontrar jamás. Se la traga.)

(Bernarda siente que le falta el aire, no puede respirar y corre hacia la cerrada puerta del oratorio. Golpea apenas sin fuerzas con su inseparable bastón).

(Mientras tanto al otro lado de la puerta, las hijas...)

Amelia: ¡Madre! ¿Que le pasa?

Bernarda: Tres golpes de bastón fuertes

Poncia: ¡Bernarda!¡Bernarda! ¡Que estas haciendo!¡Abre la puerta!

Bernarda: Dos golpes de bastón débiles

Martirio: ¡Madreeee!

Bernarda: Un golpe de bastón muy débil.

[Bernarda pierde el equilibrio cayendo muerta frente a la puerta]

Todas las mujeres: (Golpean con todas sus fuerzas tirando finalmente la puerta abajo)

Hijas: ¡Madre!

Martirio: ¡Madre! (mirando a Angustia con cara de sorpresa y felicidad ) ¡Esta muerta!

Angustia: ¿Muerta? ¿Muerta de verdad?

Magdalena: No puede ser ya la siento aun, aquí, en esta casa.

Poncia: ¡Es verdad! (gritando temblorosamente) ¡Es verdad! su espíritu sigue aquí, pero no por mucho tiempo

ABRAMOS LAS PUERTAS Y LAS VENTANAS QUE ENTRE LA LUZ, QUE ENTRE LA VIDA, LA ESPERANZA DE UN NUEVO DÍA.

Todas: (Corren hacia las cerradas ventanas y con nervios y temblando las abren de par en par. Todo se inunda de luz desvaneciendo la esencia maligna con la que Bernarda había impregnado la casa).

Hijas: (Asomándose a las ventanas ilusionadas por un nuevo renacer).

jueves, 5 de junio de 2008

Alba, va a por todas...


Alba, en su estilo, da la campanada ¿qué os parece?:

Bernarda: Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla a la cara. ¡Silencio! ¡A callar he dicho! ¡Las lágrimas cuando estés sola! ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio!

(Ha pasado un año desde que Adela se suicidara, se encuentran en la Iglesia en plena misa por el recuerdo de la hija menor de Bernarda Alba, todo el pueblo acude, Bernarda Alba en primera fila y de luto riguroso está muy desmejorada)

Vecinas del pueblo: De nuevo Bernarda te damos el pésame, sentimos lo de tu hija menor.

Bernarda: No necesito que las chismosas del pueblo vengan a compadecerse de mí, ni siquiera que acudan a la misa para cotillear después sobre la muerte de mi hija.

(Abandonan la Iglesia, Bernarda va última detrás de sus hijas, avanza con su bastón en la mano, van hacia casa.)

Bernarda: En cuanto lleguéis a casa poneros a limpiar la habitación de Adela, no quiero conservar nada de ella, además Poncia me ha pedido que se la arriende para su nieto que llega mañana.

Martirio: Esperaba este momento desde hace meses, esa niña consiguió sacarme de mis casillas hasta el día que nos dejó.

Angustias: Martirio, no debes hablar así de nuestra hermana, tú erraste igual que ella y jamás podré olvidar el daño que me hicisteis ambas.

Magdalena: Y todo ¿para qué?, luego huyo y desde aquel día somos aún mas desgraciadas, estamos hundidas desde hace años y no levantamos cabeza.

(Entra Poncia al comedor donde estaban reunidas, entra con un niño en los brazos)

Magdalena: ¿Y ese niño, de donde ha salido?

Poncia: Es mi nieto. Es de mi hija, la que vive en América, ella no puede criarlo.

Bernarda: ¿Quién os manda meteros en la vida de la criada?, haced vuestras labores.

(Poncia se retira a la habitación de Adela y acomoda al niño, lo instala en la habitación de la hija menor de la casa.)

Poncia: Bernarda, debo hablar contigo, ha ocurrido algo que debes saber.

Bernarda: ¿Y ahora qué problema tienes?¿Qué más quieres?

Poncia: No es eso, este niño... en realidad, este niño de quien verdaderamente es nieto, es de ti, Bernarda.

Bernarda: Deja de inventar chismes absurdos. vieja.

Poncia: Es el hijo de Adela, me lo dejo porque sabía que tu no querrías saber nada de él y me lo confió a mi.

Bernarda: Eso habrá que verlo, este niño es y será siempre tu nieto hasta el día de mi muerte y la muerte de mis hijas, jamás lo reconoceré, ¿qué diría el pueblo de mi difunta hija?, además de rebelde, mala madre. No puedo consentir tal barbaridad en mi familia, y si se te ocurre ir comentándolo a alguien, olvídate de esta casa y prepárate para vértelas con Bernarda Alba.

(Pocia no sabe que hacer, se retira de nuevo a su habitación. Cuida del niño y calla la verdad por miedo a enfrentarse a Bernarda)

Bernarda: ¡Poncia! No me siento a gusto, llama al doctor.

(Poncia asiente con la cabeza y se retira)(Llega el doctor)

Poncia: Pase por aquí, la señora Bernarda esta en su habitación.

(Entran a la habitación)

Poncia: ¿Bernarda? ¡Despierta Bernarda! ¿Qué te ocurre? Doctor ¡haga algo!

Doctor: ¿Bernarda, me oye? No respira, ha muerto.

(Entra Adela)

Martirio: ¿Que? ¿Que mi madre ha muerto? ¡No puede ser, apártese! Qué horror, tantas veces deseé su muerte y ahora, mírenla, yace en su cama tan tranquila.

Poncia: No puede ser, fui yo, fue mi culpa, yo la maté. Le di un disgusto.

Doctor: No se torture, vamos.

Martirio: ¿De que hablas Poncia, vamos dime!

Poncia: ¡Mi nieto es el hijo de Adela!

(Entran el resto de hermanas, desconsoladas, su madre ha muerto)

Magdalena: ¿De qué nos hablas, como puede ser?

Martirio: No te creo, es imposible.

Amelia: Respetad a nuestra madre que acaba de morir, y preocuparos de prepararlo todo para velarla hoy mismo.

(Se retiran a preparar el velatorio de su madre en casa)

Magdalena: En breve empezará a venir gente.

Martirio: No me lo creo aún, no puede ser.

Amelia: La desgracia lleva por apellido La Casa De Bernarda Alba.

(Llaman a la puerta, Poncia abre, aparece Pepe el Romano)

Angustias: ¿Qué haces tú aquí?

Pepe: Debía venir a velar a la mujer que trajo a la vida a la madre de mi hijo.

Angustias: No tienes vergüenza, no te quiero aquí, ¿qué dirá la gente después de todo lo que hiciste?

Pepe: No va a venir nadie más, y yo he venido a verla y a llevarme a mi hijo, tu madre ya no era la misma.

Angustias: No voy a consentir tal falta de respeto en mi casa, desde ahora yo haré respetar a mi difunta madre.¡Silencio! ¡Silencio he dicho!

miércoles, 4 de junio de 2008

La versión de Víctor




Víctor inventa este final :

Sábado, 10 de junio de 1936

Salón de la casa de Bernarda, el féretro en medio de la sala. Bernarda junto a su madre y sus hijas recibe el pésame de los visitantes).
BERNARDA
(Se levanta para decir las últimas palabras)
Sólo quería decir que deberíais estar orgullosa de mi hija que ha muerto virgen.
MARTIRIO
Sí, orgullosas deberíamos estar. Pero no porque muriese virgen, sino porque fue la única que
se atrevió a enfrentarse a ti.
BERNARDA
i Pero cómo te atreves!
MARTIRIO
i Lo hago porque tú has sido la causante de todo esto!
BERNARDA
i Respeta a tu madre!, ¿O es que no deseas recordar que fuiste tú quien gritó que Pepe había muerto?, ¿O que fuiste tú quien la perseguía por las noches para averiguar qué tramaba? Una es vieja pero no tonta y si alguien tiene la culpa no somos ninguna de nosotras, sino el prometido de Angustias, que deberá pagar por lo que le ha hecho a nuestra familia.
ANGUSTIAS
Pero, madre ...
BERNARDA
i No quiero lloros! Ese que iba a ser tu futuro esposo pagará tarde o temprano. ¿O no te das cuenta de que ya no te quiere? Pobre ingenua, estás tratando con hombres, solo desean su propio bien, y no se preocupan de lo que les pueda pasar a los demás, y cuantas más mujeres prueben, más desearán. Así que ya te puedes ir buscando otro marido, porque la última mujer que verá ese perro en vida seré yo cuando lo mate con mis propias manos.
MARTIRIO
(Se levanta con brusquedad de la silla junto a su madre)
¡Yo no aguanto más, me voy de aquí!
BERNARDA
(Imitando el gesto de su hija, la retiene con el antiguo bastón ahora arreglado)
Tú no vas a ninguna parte, guardarás el luto como todas nosotras, aquí encerradas en casa. Poncia, ayúdame a cerrar puertas y ventanas.
(Bernarda se dirige hacia la puerta y echa la llave, al mismo momento que se levantan odas).
PONCIA
Yo no volveré a ser cómplice de ningún otro encierro, es más, no estoy dispuesta a volver a obedecerla ni a perder más tiempo en esta casa con usted dentro.
BERNARDA
(Mientras se dirige hacia Poncia, Angustias le cierra el paso, tropieza y se le vuelve a quebrar el bastón).
Pero como os atrevéis a ... no estaréis pensando en ... ¡no!
MARTIRIO
Si madre, ya te toca descansar, nos has quitado demasiados años de vida con tus reglas. Y no estamos dispuestas a perder otro año de vida aquí encerradas porque tú nos obligues.
BERNARDA
Entonces decidme ¿qué pretendéis hacer?, ¿matarme?
MARTIRIO
Tú siempre tan acertada, madre, lo haremos para que parezca un accidente.
(Todas se abalanzan sobre Bernarda que solo tiene tiempo para decir una cosa en voz baja)
BERNARDA
iSilencio!

María continúa de esta manera:

















María que ha realizado una portada tan personal nos propone un final liberador:

Amanece un nuevo día en la casa de Bernarda Alba. Han pasado ya cinco días después de la muerte de Adela. En el patio han crecido nuevas flores y la luz se cuela por los ventanales.


( MARIA JOSEFA se encuentra en su habitación haciendo la maleta. Entra AMELIA para llevarle el desayuno.)


AMELIA. ¿Qué hace abuela?
MARIA JOSEFA. (Haciendo las maletas) Me voy.
AMELIA. ¿Que se va? ¿Y a dónde va a ir usted, con su edad?
MARIA JOSEFA. A la orilla del mar, bien lejos de aquí, a vivir todos los años de mi vida que he malgastado viviendo en casa de tu madre.

(MARIA JOSEFA sale por la puerta decidida y baja con velocidad las escaleras).

AMELIA. ¡Abuela! ¿Dónde cree usted que va?
MARIA JOSEFA. ¡Me voy! ¡Adiós maldita casa! ¡Hasta nunca!
AMELIA. (Siguiendo a MARIA JOSEFA por las escaleras) ¡Vuelva aquí inmediatamente!


(PONCIA sale al patio después de oír el escándalo)

PONCIA. ¿Qué sucede niña?
AMELIA. ¡Atrápela, Poncia, que no salga por la puerta! ¡Ay, válgame Dios! ¡Qué escándalo! Se va a enterar todo el vecindario.
PONCIA. (A MARIA JOSEFA, agarrándola del brazo y ésta intentando escapar) Venga acá, Maria Josefa, no haga usted estas cosas, que ya tiene una cierta edad. ¡No insista, que aún será peor si doña Bernarda se entera del jaleo que está montando!

(BERNARDA aparece alterada tras oír gritos en el patio)

BERNARDA. (A PONCIA) ¡Poncia, enciérrala en su habitación y átala a la cama! ¡No quiero oírla más!
PONCIA. Sí señora.
MARIA JOSEFA. ¡Bruja! ¡Soltadme, soltadme he dicho! ¿Es que no me oís? ¡Soltadme de una vez por todas!
BERNARDA. (A MARIA JOSEFA, haciéndola callar) ¡Tsss! Madre, no me alce la voz, que pronto asomarán a las ventanas las vecinas.
MARIA JOSEFA. Ay, Bernarda, has conseguido lo que querías: Que todo el pueblo te tema y hasta tus hijas, ¡hasta tus hijas! ¡Pero yo, no Bernarda, yo no! ¡Ni por encima de mi cadáver! Yo me voy, aquí os dejo. ¡Me voy a saber lo que es la vida fuera de estas paredes prisioneras!

(De repente aparece MAGDALENA bajando por las escaleras hacia el patio y se une a la conversación)

MAGDALENA. (A MARIA JOSEFA) ¡Abuela, agárreme del brazo que nos vamos usted y yo a conocer lo que realmente es la libertad!
PONCIA, ¡Se han vuelto locos! ¡En esta casa se han vuelto todos locos! ¡Dios mío!
MARIA JOSEFA. Vamos, niña, ¿tienes todas tus cosas preparadas ya?
MAGDALENA. Sí, abuela, lo llevo todo aquí (enseñando una pequeña bolsa de piel)
BERNARDA. ¡No me hagáis ir a por la escopeta otra vez! (MARIA JOSEFA y MAGDALENA se apresuran para escaparse) ¡Poncia, acércame la escopeta! ¡Poncia!
PONCIA. ¡Señora, la escopeta ha desaparecido!

(MARIA JOSEFA y MAGDALENA salen con mucha rapidez por la puerta y logran escapar)

BERNARDA (A PONCIA) ¡Que se marchen, que se machen! Van a morir de hambre ahí fuera. Ya volverán. No tardarán mucho. ¡Pero te aseguro, Poncia, que esta casa no la volverán a pisar. No, mientras yo viva en ella!



miércoles, 14 de mayo de 2008

Luces de bohemia


Alba, Laia, Mireia, Miriam, Gerard y Maria han grabado la escena XI de Luces de Bohemia de Valle Inclán. Se trata, junto con la escena del preso anarquista catalán (que aquí va a tener su triste conclusión), de la escena más dramática de la obra. Desaparece el humor y la ironía valle-inclanesca para dar paso a la rabia y a la conciencia social. Los "daños colaterales" de la defensa de la propiedad privada se ponen de manifiesto en la desolación por la pérdida de una vida inocente: